Estamos en una época en la que parece que estén de moda las patologías intestinales: síndrome del intestino irritable, colitis ulcerosa, enfermedad de Crohn, intolerancia a la lactosa, celiaquía y también SIBO.
Sin embargo, en el caso del SIBO, cada vez hay menos SIBO y más otras cosas.
El SIBO se define como el sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado procedente del intestino grueso. Y es que hay cepas que en el colon no hacen daño, pero si pasan al intestino delgado, la cosa cambia.
La prevalencia del SIBO no se conoce bien y, de hecho, puede ir de un 0 a un 20%, porque influyen muchos factores.
¿Qué puede crear un SIBO?
1. Peristaltismo: si disminuye, el alimento permanece más tiempo en el intestino delgado y pueden proliferar microorganismos potencialmente patógenos. Esto puede ocurrir cuando hay estreñimiento crónico.
2. Hipoclorhidria: es decir, que la cantidad de ácido sea inferior a la habitual. Esto puede ocurrir con el uso crónico o a altas dosis de IBP (inhibidores de la bomba de protones, como el omeprazol). En este caso, es más fácil que crezcan más bacterias.
En el caso de personas tratadas con análogos de GLP-1, por ejemplo, semaglutida —uno de los nuevos tratamientos que han salido para sobrepeso y obesidad—, si este tratamiento se cronifica, el alimento permanece más tiempo en el intestino delgado y es más fácil desarrollar SIBO.
3. Edad: porque con la edad también aumenta el pH.
¿Y cómo podemos llegar a pensar que tenemos SIBO?
Podríamos empezar a planteárnoslo si presentamos flatulencia, distensión abdominal, problemas con el sueño, diarrea y/o estreñimiento.
Para diagnosticar el SIBO podemos utilizar la prueba del aliento de hidrógeno y metano espirado. Consiste en ingerir una solución que contiene un azúcar y analizar muestras del aliento para detectar niveles de estos gases producidos por bacterias en el intestino delgado. Según salga uno u otro, se tratará de una cepa u otra. Un aumento temprano de estos gases puede indicar la presencia de SIBO.
En esta prueba deberíamos tener en cuenta varias cosas:
- Acudir en ayunas de 12 horas.
- Seguir una dieta preparatoria (sin hidratos de carbono ni fibras durante 24 horas antes).
- No haber tomado antibióticos en las 4 semanas previas.
- No tomar laxantes, antidiarreicos ni tabaco 48 horas antes.
El tema actual es que, además del SIBO, podemos encontrar IMO, LIBO, SIMO y hasta SIFO, que es el sobrecrecimiento de Candida y ya se trataría con antifúngicos.
El tratamiento del SIBO se suele abordar con el antibiótico rifaximina, pero si este se combina con neomicina (otro antibiótico), la tasa de erradicación aumenta en un 10%.
En el caso del SIBO, solo deberían utilizarse probióticos después del tratamiento con antibióticos, si estos dejan su sintomatología típica.
Otro factor a tener en cuenta sería el manejo del estrés, ya que este puede estar directamente implicado en el desarrollo del SIBO.
El SIBO nos está dando muchos quebraderos de cabeza últimamente, sobre todo por la dificultad de su diagnóstico. Tener la microbiota intestinal en equilibrio a veces es complicado, pero os seguiremos informando de los últimos avances en este espacio de actualidad de nuestra farmacia.
Seguiremos contigo con la ilusión del primer día y con la experiencia de más de 25 años.


Hola buenas tardes donde hacen las pruebas y que costo tienen